Últimamente no paro de leer y leer muchos artículos sobre el Social
Business, de lo positivo y necesario que es para un mundo de hoy cada vez más
concentrado en la generación de beneficios económicos.
No paro de leer que es se trata del futuro de la salvación económica del
mundo en un entorno cada vez más capitalista; incluso enfermo en capitalismo.
Honestamente, y a mi personal criterio –ya que no es mi intención sentar
cátedra al respecto, pero sí dar mi parecer por todo lo que he aprendido en mis
39 años de vida- creo que se están confundiendo muchos aspectos fundamentales
desde hace como unos 15-20 años entrelazando el aspecto social y económico de “hacer
negocios” puramente con la condición humana y sus peculiares características.
Comenzando por el principio, según el Prof. Muhammed Yunus (Premio Nóbel de
la Paz y fundador del Banco Grameen, en Bangladesh), se define el “social
business” como aquel emprendimiento económico destinado a suplir un problema o
necesidad social, con la condición de destinar los beneficios íntegramente a
fines sociales. Por tanto, una empresa (de las de toda la vida, empresa) que no
paga dividendos a sus accionistas y que dedica sus beneficios a ser
reinvertidos o destinados a un fin social específico.
Bueno, desde que el hombre en la antigüedad descubrió que podía usar los
excedentes de sus cosechas y su caza de animales para hacer trueques y
conseguir así mayor utilidad a dichos excedentes –por tanto, surgió la economía
y la gestión empresarial propiamente dicha-, tenía entendido que las empresas
siempre se han destinado a satisfacer una necesidad común, común de sus socios
y de sus trabajadores, ya que todos necesitamos los productos y/o servicios que
las empresas proporcionan; de no ser así, las empresas quiebran y dejan de
existir. Es decir, es necesario que una empresa evalúe la necesidad de generar
ingresos y gastos para evaluar si realmente funcionan, subsisten y, si
permaneciendo en el tiempo son capaces de suplir esas necesidades que el
mercado necesita. De no ser así, sencillamente dejan de existir. Exceptuando
muchos ejemplos, sobre todo durante la revolución industrial, y otras grandes
corporaciones –y quizá no tan grandes-, siempre se pensaba en el ser humano, en
el semejante a nosotros, bien porque eran nuestros clientes o bien porque
trabajan en la propia empresa.
Bajo todo este ideario, los beneficios se generan si efectivamente la
empresa hace las cosas -tanto dentro como fuera de sí misma- correctamente y si
el mercado sigue necesitando lo que ésta genera o produce. El asunto de los dividendos es algo interno a la empresa, y según la
tradición económica, sirve para retribuir al inversor/es que arriesgaron su
capital o recursos para iniciar dicho emprendimiento.
Lo cierto es que el tiempo ha pasado, la tecnología nos invade cada vez más
y nos hace cada vez más dependientes de lo inmediato y de lo “nuestro”. El
sentimiento individualista se ha acrecentado en el ser humano; la
autosuficiencia –personal, económica, social, emocional, etc…- es la que poco a
poco está imperando en el ser humano. Las redes sociales nos aíslan de los
seres físicos, pero nos imbuye y nos acerca a los seres virtuales. Es decir,
queremos que lo “nuestro” sea cada vez más “nuestro”. Por supuesto, también los beneficios
empresariales. Es decir, que los semejantes –al menos físicos- no es ahora la
prioridad, sino lo “nuestro”, nuestra empresa y nuestro beneficio también, por
supuesto.
Hoy día, a todos fascina el perfil de “empresario exitoso” que va por ahí
armado con su ropa cara, coche despampanante y vida de lujos reservado a unos
pocos. Esta fascinación se agudiza más en un entorno de depresión económica
donde nadie quiere estar.
Tradicionalmente, y lo que he conocido, es que las pequeñas y medianas
empresas sí encajan perfectamente en este perfil de empresas de negocio social “social
business”. Me refiero a estas empresas pequeñas que inician con mucho esfuerzo
y trabajo duro, donde en lo último en lo que se piensa es en los beneficios.
Conozco centenares de empresas que no saben qué es eso de “social business”,
pero que son más sociales que muchas otras que no paran de publicar a bombo y platillo
que lo son. Y son precisamente estas pequeñas y modestas empresas las que
siempre piensan en satisfacer debidamente a sus clientes y respetar a sus
trabajadores, por pocos que sean –por supuesto, salvo excepciones, ya que no
todo el mundo saber ser empresario. Pero esa es otra historia de la que hablaré
otro día-. Estas son empresas con verdadera ética y moral, con principios y
valores que respetan y hacen respetar al ser humano.
Además, de las cientos y cientos de estas pequeñas empresas que he conocido,
en rarísima ocasión he oído que repartan un dividendo, sino que “todo se queda
en casa” –como dicen en mi tierra- para ver si el año que viene agrandamos y
contratamos a más gente o invertimos en una nueva línea de productos, o
cualquier otra cosa.
Como decimos los españoles, ¡¡Ole, Ole y Ole por estas empresas!!
Lo que trato de decir es que, es cierto que una gran parte de la población
empresarial o personas de negocios han ido desplazando su prioridad tradicional
de satisfacer y atender debidamente a sus clientes y respetar a sus empleados
en aras de la frase que más he oído en los últimos 15 años en entornos empresariales: MAXIMIZAR LOS
BENEFICIOS.
Me da la sensación que toda esta gente ha ido olvidando progresivamente que
los beneficios económicos y financieros son la consecuencia de un trabajo bien
hecho, y cuanto mejor sea el trabajo que se hace, mayor serán los beneficios.
Cuando lo que se hace ha sido tan bueno o tan bien hecho, la fortuna generada
causa admiración por los demás, clientes y trabajadores, y son los que inspiran
a otros a hacer lo mismo; siempre y
cuando no se olviden que dichos beneficios fueron creados pensando en
los seres humanos.
Ahora, la sociedad tiene que redimirse pensando en “social business”. Que
nadie me mal interprete, ya que soy un firme defensor de este “social business”,
pero yo más me inclino por el comportamiento ético de las empresas y/o
empresarios. La ética es la que lleva a una empresa a ser social.
Por tanto, en mi modesta opinión, las empresas que trabajan y han trabajado
duro, con esfuerzo y siempre pensando en los clientes y trabajadores, son las
empresas más sociales que existen. Hay ahora mucho “marketing” e imagen que las
empresas quieren adoptar como “social business” o “responsabilidad social
corporativa”, que intentan aprovecharse. En algunas ocasiones me resulta
ridículo incluso ver a muchas empresas que han cometido tremendos perjuicios a
muchos seres humanos por la búsqueda insaciable de beneficios, y que dicen “socialmente
responsables”… bueno, en algo sí tienen razón, son responsables del desastre
que causan en la sociedad.
Yo soy un micro empresario, y trato de hacer las cosas lo mejor que sé, y
espero que nunca se me olvide esta lección, que dicho sea de paso, mi padre me
inculcó.
Un cordial saludo a todo el que me lea.
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