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sábado, 5 de julio de 2014

La red social de los pobres

La empresa social PT Ruma da oportunidades a miles de pobres de Indonesia uniendo microfranquicias, telefonía móvil y una pujante red de emprendedores

Christian Atance / Especial MicAméricas
Octubre 05, 2011
Siempre hay magnitudes extrañas al ojo. Indonesia, por ejemplo es un enorme racimo de 13.000 islas que albergan a 250 millones de habitantes, en algo menos de un cuarto del territorio de Brasil, que tiene casi la misma población. Tres de cada cuatro de esas personas viven con menos de US$ 2,5 por día y, al mismo tiempo, esas mismas personas son dueñas de un teléfono celular.

Pero hay gente que en esas ecuaciones ve algo más que una realidad dolorosa o extraña: ve una oportunidad para acabar con ella. Entre esa gente están los emprendedores sociales indonesios Aldi Haryopratomo y Budiman Wikarsa, quienes un día de 2009 tomaron esas cifras para reformular el significado de sus cifras: ¿por qué no usar los teléfonos para sacar a sus dueños de la pobreza?, se preguntaron. Aldi y Budiman sumaron uno más uno y en julio de aquel año crearon PT Rekan Usaha Mikro Anda (Ruma), su empresa para centrarse en los usuarios pobres para que tengan un acceso más fluido y económico a la telefonía celular y, a la par, para ayudarlos a crear negocios rentables.
Ruma, que traducido significa “tu socio de microemprendimientos”, tomó como base el exitoso modelo de microfranquicias Village Phone, lanzado por el Banco Grameen en 2003, en Uganda. Construida sobre la experiencia acumulada por Grameen Telecom —que solo en Bangladesh creó oportunidades para más de 362.000 operadores telefónicos—, Ruma provee un negocio enlatado y capital de trabajo  a emprendedores de bajos recursos para que puedan ofrecer a sus clientes acceso a un teléfono móvil para llamar o enviar mensajes de texto a su familia, amigos o socios en un negocio.

Perseguir el doble balance
Ruma aprovechó que la mayor parte de los habitantes de Indonesia, incluidos los más pobres, dispone de un celular propio gracias a una reciente invasión de equipos chinos a bajos precios, y decidió que les vendería minutos de aire, en lugar de ofrecer llamadas móviles como si se tratara de un teléfono público, que es el modelo original de Grameen en África.


A diferencia de los mercados desarrollados, el 90% de los usuarios indonesios compra minutos prepagados en lugar de abonar una cuenta mensual, un fenómeno igualmente extendido en América Latina, con México a la cabeza. En las ciudades más densamente pobladas existen miles de revendedores de estos minutos, pero para aquellas personas que viven en áreas rurales el costo de las comunicaciones ha sido históricamente alto. De hecho, un aldeano invierte en promedio US$ 0,20 centavos para viajar a la ciudad nada más para regresar a su casa tras comprar llamadas de aire por US$ 0,50, el monto promedio de carga.

Ruma ya cuenta con una red de 8.000 operadores que prestan servicio diario a unos 800.000 clientes. Los microemprendedores pagan un promedio de US$ 23 por el paquete de Ruma, que incluye un teléfono móvil, material promocional, un manual de operaciones y, por supuesto, entrenamiento y asistencia a través de oficiales de campo para que el lanzamiento y operación del negocio pueda ser exitoso. Pero eso es solo el comienzo. “En tres años, esperamos tener 60.000 emprendedores y cinco millones de clientes”, dice Sean de Witt, gerente de Programas Técnicos de la Fundación Grameen, en Indonesia.

Debido a que sus fundadores persiguen un doble balance —financiero y social—, al menos el 80% de los clientes de Ruma deben ser pobres —esto es, con ingresos menores a US$ 2,50 por día—, y otro 15%, muy pobres —con menos de US$ 1,25 diarios. Si estos indicadores sociales no se cumplen, no se reparten dividendos sino que las utilidades se reinvierten para redoblar esfuerzos y lograr la misión social. 

Actualmente, nueve de cada diez microemprendedores franquiciados en Ruma son mujeres que mayoritariamente operan warungs, unas pequeñas tiendas familiares, muchas de ellas instaladas al aire libre en las aceras y espacios públicos.

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Un estudio elaborado por Ruma reveló que, antes de sumarse a la red, el 63% de esas mujeres eran pobres y el 10% muy pobres. Hoy, gracias al negocio de Ruma, estos microemprendedores franquiciados generan para sus hogares un promedio US$ 1,80 por día. El monto es pequeño, pero en los casos de las familias pobres equivale a incrementar el ingreso un 72% y en el de las más pobres, un 144%. Esos nuevos recursos resultan suficientes para cubrir tres comidas por día para dos personas o para enviar dos niños a la escuela. La microfranquicia de Ruma tiene además el potencial de complementar un microemprendimiento, como una tienda de comestibles, o bien crecer como un negocio a tiempo completo en sí mismo.

Pero para cumplir esas promesas es imprescindible que estos emprendimientos sean sostenibles en el tiempo. La fase inicial es la más crítica para cada asociado al sistema, pues la mitad abandona el negocio a las dos semanas de iniciarlo. Para pasar esta barrera, en el transcurso de esos quince días, el microemprendedor franquiciado precisa realizar al menos 25 micro transacciones. Ruma está poniendo especial atención en reducir la tasa de abandono. Casi a diario, envía a sus oficiales de campo, que también son encargados de cobrar las cuotas, a asistir a sus microfranquiados incluso en las zonas más remotas. La continuidad ofrece recompensas: la mitad de los microemprendedores franquiciados que permanecen en el programa logra duplicar sus ingresos diarios al poco de superar la barrera de los cuatro meses.

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