¡Me propongo asignar un sueldo no mayor de 50.000 $ al año! (ojo, en 1878) ¡Aparte de
esto necesito cada ganancia, sin hacer ningún esfuerzo por incrementar
mi fortuna, para gastar el superávit de cada año para causas nobles!
Dejemos a un lado los negocios para siempre, excepto para los demás.
Vayámonos a Oxford y obtener una educación concienzuda, adquiriendo el
conocimiento de un hombre de letras. Me imagino que esto me llevará tres
años de duro trabajo. Debo prestar especial atención al hablar en
público. Podríamos ir a Londres y podría comprar todas las acciones de
un periódico o rotativo y hacer que tratara temas de interés público,
especialmente las relacionadas con la educación y la mejora de las
clases pobres. ¡El hombre debe tener un ídolo y amasar fortunas es una
de las peores especies de idolatría! ¡Ningún ídolo es más envilecedor
que la adoración al dinero!
Al enfrentarme a un problema suelo esforzarme demasiado, por lo que
debo tener cuidado de elegir el estilo de vida que sea más elevado en
ese sentido.
Si sigo preocupándome tanto por mis negocios y pasando la
mayor parte del tiempo pensando única y exclusivamente a cómo encontrar
la manera de hacer dinero, me degradarán más allá de perder toda
esperanza en recuperarme para siempre. ¡Dejaré los negocios a los
treinta y cinco años, pero durante los dos años siguientes deseo pasar
las tardes recibiendo clases y leyendo concienzudamente!
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